Desayuno sin diamantes

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... ladylikeaudrey@hotmail.com

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Nueve

Permitidme sonreír esta vez. Permitidme sonreír en septiembre.
Septiembre es como una tarta de cerezas, como una luz en mitad del bosque, como una calle mojada. Septiembre es como el estribillo que nunca se repite, una camisa de olas, descubrir un perfume olvidado en la piel de cualquier desconocido, una carta sin remite, una cinta rebobinándose.
Septiembre es arroparse con sólo una sábana.

Septiembre es un golpe de viento, un rayo, un trueno, y el silencio.

Miau

No sé si fui un gato en una vida anterior o lo soy ahora, en esta.

Tiempo (y III)

Se me olvidó hacerme inolvidable, aunque igual me encuentras en alguna foto y salta una chispa, como en el champagne. Y una luna menguante o creciente o a medias, como el champagne.

Tiempo II

Tu y yo somos como las agujas de un reloj, dando vueltas toda la vida y apenas cruzándonos, con suerte, un minuto cada vez.

Tiempo

Exprimiré nubes de fresa y te daré a beber hasta emborracharnos.
Seremos tan felices que parecerá verdad.

Por ejemplo:

22mayo.JPG¿Creéis en la Casualidad?
O ¿cómo se llama esa sensación que sientes que algo ocurre de un modo imprevisto e inesperado, pero que cuando lo piensas en frío, cada circunstancia y cada hecho insignificante del día, del mes, del año, de siempre, parece que te ha ido acercando definitivamente a ese algo?

Cuento corto basado en hechos reales

Esta tarde, en la calle, me dieron ganas de enamorarme. Pero, al poco rato, se me pasó.

Tres malas noches

La primera, supuestamente tenía que llegar a una casa situada en alguna urbanización extraña. Muchísimas flores brillantísimas en los parterres y mi coche incapaz de subir tantas pendientes. No llegaba nunca y todo el mundo esperándome.

La segunda, llegaba a una casa muy lúgubre y desgastada, que olía a humedad, y la señora con cara de tristeza me indicaba un está ahí con demasiada convicción. Se cruzaron veinte gatos.

La tercera, a las 21:00 nunca queda nadie en la facultad, pero yo me paseaba tan tranquila por los pasillos del s. XVI, con un camisón blanco. Llovía tanto que no pude hacer otra cosa más que llorar. Necesitaba que alguien viniera a buscarme.

Sensación crisálida

Anoche soñé que estaba sentada sobre la moqueta azul como un indio, viendo una película (aún no estrenada) de la Edad Media. De pronto, toda la habitación olía a él y, de pronto, estaba sentado como un indio a mi derecha, mirando la pantalla. Yo me levanté y me senté encima suya y allí entre sus piernas y sus brazos me quedé durmiendo porque estaba cómoda y guarecida como en una crisálida, como en él.

Algún día (a ser posible pasado)

El tiempo acaba siempre alejando más que la distancia.

Risas enlatadas

6dic.jpgEmpiezo a no soportar mi capacidad para recordar cada sueño, cada noche.

En el último, estábamos gabi, v y yo a punto de subir una carretera con una pendiente muy pronunciada. Estábamos abajo, pensando quien sería el más rápido en escalarla. Allí, donde estábamos, era una especie de descansillo de un edificio. El suelo era de mármol blanco e inexplicablemente, sólo estábamos nosotros. Si mirabas más allá, a nuestro alrededor, ya sólo había matorrales secos.
Estuve pensando que sería imposible ganarle a ellos dos con mis botas de tacón de aguja, así que opté por quitármelas, pero descalza me helaba los pies en el mármol; y probé a subir y me resbalaba por el asfalto de la carretera. Era imposible. No podría hacerlo.
Conseguí que v se quitara sus zapatos y me los dejara, pero me estaban pequeños. Ella estaba encantada con la prueba, quería empezar cuanto antes y él, gabi, también tranquilo terminando de fumar algún estúpido cigarrillo. Yo, sin embargo, pretendía buscar alguna manera de subir pero por otro sitio. Pero todo lo demás iba hacia abajo, todo era abismo, excepto la carretera.

***

Hace unas semanas soñé que visitábamos, unas amigas y yo, una nueva galería de arte. El caso es que estaba vacía. Acababan de cerrar y sólo nosotras seguíamos allí. Pero, el caso es que estaba vacía. Las paredes eran como un lienzo enorme esperando ser pintado. Los pasillos eran largos y sumamente blancos, iluminados con unas farolas interiores que daban la idea de ir paseando por una calle con techo. Sin color, a la espera de un pincel.
Todos sonreían como si fuese normal. Yo respiré tranquila cuando al bajar unas escaleras vi, a través de una cristalera límpida, la calle. Salíamos al fin.

Anoche nos vimos las mismas de aquel sueño. Hacía meses que no nos encontrábamos y lo hacíamos para visitar a un amigo común, que se ha mudado a un nuevo piso hace dos meses y aún no lo habíamos visto.
Tampoco está en una calle conocida, de modo que quedamos fuera, en una plaza y de allí andamos hasta esa calle lejana y el portal de su nueva casa. Cuando llegamos, vi ese pasillo largo, todo blanco. La cristalera y, a través de ella, las farolas redondas de dentro. Las escaleras que debía subir para llegar a su piso. Todo. Y todo el sueño se me vino encima, como cuando se vuelca un vaso y el líquido te sorprende mojándote el jersey.

Del tiempo pasado sentada en el frío suelo

Desayuno sin diamantes nació como la cruz de una moneda. Y decididamente es la que siempre elegí. Después de muchos tropezones la cara dejó de existir y todo acabó volcándose en este blog.
Como curiosidad, cuando comencé el blog dejé de escribir. Y he pasado largas temporadas sin encontrar qué decir o cómo decir lo que sí tenía que contar. De cualquier modo todo se ha ido poco a poco organizando dentro de todo este remolino sin sentido a mi alrededor aunque aún quedan muchas cosas.

Volar.
Hay días que comprendo que todo ha sido una especie de aprendizaje, para lo que ahora (o durante los próximos años) comienza.
Recuerdo a mi grupo de gorriones huérfanos a los que enseñé a volar entre helechos y demás macetas del patio. Y uno en especial, que vivió conmigo muchos años, porque tras varios intentos de “puesta en libertad”, siempre daba un giro y regresaba al capó blanco del coche, y la cara de incredulidad de mi padre.

La calma.
Es lo único que busco. El silencio.
Hoy discutí a ciegas con una vecina (no puedo verla) por el uso de ascensor.

Pasado próximo.
¿Evolución?
Lo que hay al fondo del pasillo. Lo que ha pasado. ¿En qué carpeta lo guardo?

Espera un momento

doisneau.jpgDime que esto es un encuentro y no una despedida.

Octobre tiendra sa revanche

La Navidad no está cerca, se avecina. Calculo que en dos semanas (tres a lo sumo) empezaré a ver los bombones y demás inventos de la fecha acaparando el mejor de los sitios -el palco de honor- en los centros comerciales. A mí sólo me gustan los de chocolate amargo, de modo que la oferta se estrecha bastante.
Nikki llega la semana que viene y no como preámbulo navideño, supongo que viene ahora para no venir luego. Cosa que me da mucha pena. Espero equivocarme.

Hoy he soñado que llevaba un vestido largo y unos pendientes enormes, muy brillantes. Hablaba con un señor que me confesaba que me habían visto, que debía huir. Así que tuve que remangarme y escapar. Empecé a correr, pero me costaba bastante sortear a la gente que se extrañaba de verme vestida de esa guisa en plena mañana de sábado. Sin embargo yo seguía corriendo entre especias, telas y manzanas del mercado de la calle.
Luego intenté esconderme en un sitio oscuro y supongo que allí pasé el día sin moverme, puesto que salí y ya era de noche. Pero no había modo. Aquellos a los que no llegué a ver seguían allí, o al menos tuve la sensación patente de que aún estaban siguiéndome.
En ese caso decidí que lo mejor sería subir alto, sobre los tejados, donde no pudiera ser vista y alejarme sin hacer ruido.

A primera hora de la mañana

Hoy he soñado que conocía a un tal José Ramón en una fuente, al amanecer de un sábado en Sevilla. Me gustó su risa, su voz, su piel y estábamos a punto de rozarnos cuando tuve que irme. Así que me pidió el número de teléfono. Sin embargo no recuerdo habérselo dado y si recuerdo perfectamente el suyo. No me atrevo a llamar porque temo descubrir esa voz al otro lado.

Lluvia de estrellas

Rita.jpgÚltimamente sueño con azoteas. En mis sueños siempre es de noche. Sueño con azoteas y un aire suave que me eriza la piel. Sueño con azoteas y sábanas verdes. Y tres tramos de escalera con una barandilla inestable. Vértigo. Vértigo a todas horas, hasta durmiendo. Me agarro con vehemencia a la barandilla y miro con recelo hacia los dos lados y miro sobre los tejados y un patio a lo lejos.
Subo a la azotea y hablo con alguien que no me escucha, que no está. Y me arropo con unas sábanas verdes y ya no sé si estoy durmiendo o me despierto. Pero no me preocupa, estoy cómoda. Sólo pienso en no despertarme aún del sueño o en no quedarme dormida hasta que amanezca.

De perdida al río

Al más puro estilo de mi último pensamiento antes de dormir y el primero al despertarme siguen siendo para ti, en alguna parte escrito, creo recordar, por bob dylan.

Descubrí que todo siguió su ritmo y nada había parado en el tiempo que me mantuve “suspendida”. Eso y que las noches son frías, más que de costumbre.
En p ville nada es lo mismo. Parece otro sitio, en el mismo sitio. Me dieron ganas de quedarme. Pero ya se sabe. Luego pensé en decirle a él que se viniera. Que pasáramos un fin de semana allí. E imaginé que decía sí y nos divertíamos como nunca, pero como nunca. Al final, no pude dormir anoche de tanto soñar.
A mediodía decidí dejar de posponer mi vida. Llevo años de retraso. Creo que es consecuencia del clima.

Y si no encuentro la palabra exacta

piscina.jpgNunca te olvidaré suena demasiado a despedida.

Hace semanas soñé que nos íbamos a hacer un viaje. Recuerdo que andamos los dos alrededor de doscientos kilómetros, pero no estaba cansada. Hablábamos. Dejamos atrás una zona de locales y naves abandonadas. Rodeamos un polideportivo enorme o un campo de fútbol. Llegamos cuando estaba anocheciendo, de modo que no pudimos bajar directamente a la playa. La habitación era pequeña. El sofá cama se abría tras la puerta. Y desde el balcón se adivinaba el mar entre las antenas de los bloques de pisos de enfrente. Olía bien. Olía a agua salada. Y en la ducha se estaba de maravilla. También la cama era pequeña. Y bajamos a comer gambas a alguna terraza, yo llevaba un pantalón corto y una camiseta sin sujetador porque tenía calor. Las tiendas seguían abiertas y dudé en entrar a probarme algún vestido blanco de verano. Me quedé mirándolos desde fuera y decidimos, al final, montarnos en un autobús y cruzar la ciudad. Tardamos más en aquel autobús que en nuestros primeros doscientos kilómetros a pie. Recuerdo que para bajar a la playa tuvimos que subir un muro que quemaba por haber estado expuesto al sol toda la tarde; y bajar después escalones, muchos escalones, y a mí me costaba bastante mantener el equilibrio.

Hoy en la piscina intentamos hacer planes. Pero nos preocupábamos más por una avispa que nos perseguía inhumanamente que por procurarnos un viernes y un sábado siguientes en condiciones. Y es que lo que teníamos pensado hace días se ha venido abajo por problemas de alojamiento. Será como siempre, nada especial. De hecho irá en retroceso conforme se acerquen los días señalados. Y me aburro de estar en casa. aquí no me apetecen ni las noches. Aunque me niego a hacer cábalas. Me canso más de lo posible para dormir más de lo imposible: mientras más duerma, menos pienso.

(Quien se aburra, puede ver Gilda, y comprobar hasta qué punto podemos las mujeres llegar a ser tontas).
04/07/2004 19:45 Enlace permanente. Tema: Imaginaciones mías No hay comentarios. Comentar.

Seres hambrientos

Eran tres bocas enormes que sonreían, se reían y eran felices pero no hacían ruido, ni siquiera hablaban ni se oían sus carcajadas. Yo las conocía, al menos creo que podía reconocer sus rasgos y adivinar a quién pertenecían. Las bocas se acercaban amenazadoramente, con sus bellas risas. Las tres. Al final acabaron comiéndome pero no dolió nada: ni sus mordiscos, ni sus lengüetazos, ni sus dentelladas, ni sus relamidas. Nada. Supongo que si no hubiera sido un sueño no estaría tan tranquila sabiendo que hay bocas voladoras que van devorando a la gente.

Envidias

El día que me compré un despertador, mi reloj de pulsera dejó de funcionar.
(a.n.)

Calma obligada

ventana.jpgQue me abras la ventana ya es responderme, atiendo a tu sombra, escucho tus no-voces. Me hielo y me quemo simultáneamente.
27/04/2004 21:41 Enlace permanente. Tema: Imaginaciones mías No hay comentarios. Comentar.

Sólo haré las cosas que hago bien

En realidad ya no busco nada. Antes me dedicaba a rastrearlo todo. Creía que era la fórmula.
Ahora sencillamente, entiendo que no era esa la táctica. Me he hecho pensar. Pensar en todo lo que me aturdía.
Ahora me dedico a lo que tengo. No me dejo balancear entre esperanzas falsas. He conseguido varias cosas que me había propuesto, en menor o mayor medida ¿Por qué me siento mal, entonces?. No, olvídalo. Hoy voy considerando mi nuevo paso a seguir. El mío. Elegido por mí. Lo hago. Lo intento. Incluso puedo llegar a conseguirlo. Pero lo hago por mí misma, no delego en los demás ni confío mis esperanzas en lo que podría pasar. Ahora sólo me esfuerzo en aquello que es posible. Prefiero no gastar fuerzas en lo inútil.
Supongo que me voy centrando, voy dirigiendo mis pasos hacia lo que tiene sentido. Me alegro. Hay tantas cosas que revoloteaban sobre mi cabeza haciéndome perder el tiempo... no me arrepiento, lo tengo decidido.

Sala de espera

- Frío. Piel de gallina. Dolor de garganta. Y doliéndome aún más que fuera brilla el sol.
Diagnóstico. Autodiagnóstico: Incapaz.
Incapaz de saltar. de romper. de gritar. de expulsarme fuera.
Incapaz de batirme en duelo. de avanzar. de subir la cuesta. de inflar un globo. de autoinmolarme. de arañar. de agarrarme. de defenderme. de escapar. de huir. de perderme.
Incapaz de amanecer. de sonreír. de liberarme. de perder la impaciencia. de acostumbrarme. de olvidar. de borrar.
- No lo pienses...

Sin lavarme los dientes

Al entrar al baño estaba ahí, mirándome desde la ventana. Sería la 01:30 de la mañana cuando decidí irme a dormir. Fui a lavarme los dientes, pero como lo vi allí me fui a la cama sin rechistar. Era la segunda vez que lo veía y, como tenía demasiado sueño como para asustarme, me di media vuelta y me fui a mi cuarto.
Me pregunto que hará encima del árbol a esas horas y mirando dentro. No me gusta su pelo largo y blanco, menos aún el sombrero, ni su abrigo. Pero lo peor son sus pies de gallina, agarrados a la rama, curvándola de esa manera. Ese hombre es bastante tétrico. Espero que vaya a asomarse a otra ventana la próxima vez. No me deja lavarme los dientes y menos aún hacer otras cosas.

Mientras cae la lluvia

Hoy salí de mí un momento y me observé desde lejos. Me dije adiós al salir de casa. Me acompañé todo el trayecto mientras iba en el coche. Me acerqué a pedirme limosna al parar en el semáforo. Incluso me miré desde el coche verde parado a mi derecha. Y más allá, deseando no tener que estar esperando un autobús tan tarde. Y desde la otra acera, maldiciendo la lluvia y mi segundo paraguas roto del mes.
Y me ví en fragmentos, en gotas sacudidas de perro. Y me ví frente a frente, como en un espejo sin reflejo, a temporadas, del mismo modo que alterna movimientos un limpiaparabrisas casual y efímero.

Sigo naufragando

He perdido la cuenta de los días que llevo nadando, sin parar, en busca de la orilla, que cada vez la veo más lejos.

Buscando la entrada

Por mucho que me acerque no capturo tu olor. Hoy casi me cuelo dentro. Te miraba sin darme cuenta, y recobraba la consciencia cuando me devolvías la mirada.
Hueles a indefenso. A ingenuo. A inofensivo. A increible.
Y temo que me descubras e intento evitarte.
Y temo tus secretos o saber que es tarde.
Hoy quise acercarme tanto a tu boca, y colarme dentro, y bajar por tu lengua, y sentirme presa en tu estómago, y saber que sólo yo te quito el hambre...
Dime que no es tarde.

Queridos Reyes Magos

Gracias. Con el dinero que ahorre este año en caramelos, pagaré el dentista.

Estoy pensando...

No sé si permitirle el paso u obligarle a vivir en el rellano. Allí no me importaría: sólo lo comparto con mi vecina de enfrente, la octogenaria con sombrero de ala ancha.
06/01/2004 20:42 Enlace permanente. Tema: Imaginaciones mías No hay comentarios. Comentar.

Brindis

Chín-chín por:
... robar mantecados en las tiendas de muebles.
... romper a mordiscos copas con zumo de tomate.
... pasar frío mientras la bufanda se guarece dentro del coche.
... sesiones de desmaquillaje a las tres de la madrugada.
... volver a ser amigos.
... las gallinas que ponen huevos.
... vigilarte desde mi balcón.
... los móviles desconectados.
... el cine a dos minutos de mi casa.
... el olor a tarta en la cocina.
... creer que esta carretera me llevará a Miami.
... vivir sin lámparas.
... creer que las nubes son peinados renacentistas.
... coleccionar las pegatinas de las frutas.
... no quedarme encerrada en el ascensor.
... perder las llaves.
... hablar con los animales.
... soñar con vacaciones en un barco.
... el cielo con color de yogur de limón.
... todo...

Sin instrucciones de uso

Me pregunto desde cuando se comienza a contar para llegar a los mil años entre apocalipsis y apocalipsis.
Me pregunto si los apocalipsis son para todo el mundo o vienen predeterminados y son más específicos.
Me pregunto si los apocalipsis traen manual de intrucciones o líneas a seguir para escapar de uno o prospecto.
Me pregunto si los apocalipsis son definitivos o si podré escapar de ellos. O si sirve cambiarse de acera, aunque sea en el último momento. O si hay que comer ajo o llevar cruces colgadas. O si hay que hacer un círculo en el suelo y saltar dentro.
Hay cosas de las que no sé defenderme, apocalipsis en miniatura como tú.

No abandonaré el juego

breakfast.gifEn ocasiones pierdo el control de una forma elástica y perfecta. Luego vuelve a mí. No entiendo muy bien qué se cruza en mi cabeza para que el laberinto surja. Es odioso como doy importancia a algo tan fuertemente que todo lo demás queda obsoleto e impreciso. De repente algo ocurre, sin imaginarlo y cobra una importancia feroz, haciendo que olvide por completo lo primero, aquello que me quitaba el sueño, haciéndolo parecer como el peor motivo donde pude haber gastado mi tiempo. El concepto de importancia y el de culpabilidad van tremendamente enlazados en mí.
Otra idea que me acecha sin cesar es la del miedo. Aunque creo que, últimamente, intento que no me afecte tanto, al menos no como antes. Mi táctica para que mi miedo a la muerte, al perder a alguien o a quedarme sola, quede encerrado, consiste en convencerme en el tiempo que he perdido haciendo sortilegios y extraños hechizos para que nada de eso ocurriera y en las horas de sueño que no he tenido porque tenía que vigilar que todo andara bien alrededor. Me propongo dejar todo el miedo y me sugiero que, a partir de este momento, será el miedo quien me tema.
De todo lo que me propuse hacer este año (en realidad fueron sólo tres cosas) quizá consiga una. El tiempo es otra cosa que me supera, me domina. El tiempo corre por una autopista incólume mientras yo ando salvando desniveles continuos en el camino, faltándome todo ese tiempo que, en realidad, escapa veloz. Pero no me siento mal. Estoy segura que llego a una parte del camino donde se ensancha y se aclara, a partir de ahora será más fácil avanzar: no queda otra si hasta ahora ha sido un infierno.
Visto lo visto (y lo oído) deja de importarme salvajemente si apruebo o no el examen de ayer. Por mi parte todo está hecho ya. Ya he mostrado las cartas con las que jugaba, sólo queda esperar ver quien llevaba las mejores.
En realidad ya tengo otras cosas más importantes en la mente, cosas en las que, de nuevo, no soy yo la protagonista. Pero la preocupación es impertérrita. Como un David a subir escaleras sobre mis hombros. También pasará, espero.

Sin pensármelo dos veces

bat.jpgTan segura estoy un día de algo como al otro de todo lo contrario. Lo cual me produce un desolador panorama mental. Me resulta bastante complicado determinar el origen del problema, localizarlo y mucho más intentar dominarlo. Sólo se que ocurre de repente.
Aunque no quita que tenga una lista de planes a cumplir a largo o a corto plazo (y de amplios límites, por supuesto) pero que me hago recordar continuamente para ir llevándolos a cabo y no dormirme en la laureles. Eso intento llevarlo a rajatabla. Pero todo lo demás me sobrepasa. Cualquier situación es un mundo de complicaciones para mi. Mientras más posibilidades se me ofrezcan: más complicado me resulta. Para mi, las cosas deben ser blancas o negras. Así de claro. Las cosas no pueden ir ocurriendo, tengo que hacerlas ocurrir al momento. Mientras más tiempo tengo para pensar algo, más lo desatino. No se me debe hacer elegir; en ese caso, cuando decida algo y todo parezca en orden, sufro una especie de cortocircuito interior y cambio de opinión: quiero justo lo contrario. De repente me han ido surgiendo ideas que aseguran que mi nueva decisión es totalmente válida y no hay más que hablar.
04/12/2003 13:59 Enlace permanente. Tema: Imaginaciones mías No hay comentarios. Comentar.

Lo que pasa

Estoy desbocada. La fuerza, la creatividad y las ganas de luchar, seguir en pie y progresar en algo concreto, son inmensas pero aún no he encontrado cómo encauzarlas. No sé cuál es el camino: me pierdo.
Intento avanzar en aquello que intuyo con más prioridad, pero no logro concentrarme. Acabo de mirar el reloj y he descubierto que ha pasado una hora desde que empecé a no hacer nada. Así constantemente.
30/11/2003 13:58 Enlace permanente. Tema: Imaginaciones mías No hay comentarios. Comentar.


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